"Caras vemos...intenciones no sabemos"
Cuando se está enamorado, generalmente la mente se nubla y
los ojos dejan de ver objetivamente. Entonces, todo nos parece divino, todo es
positivo y hermoso, toda la gente es buena y aún los malos nos parece que están
arrepentidos.
En la actualidad resulta un error garrafal, confiar en
alguien por el simple hecho de amarlo, de estar enamorado o de tener algo
especial. No sabemos con que clase de personas nos rodeamos, ni siquiera
sabemos la clase de personas que se acercan a nosotros ni las intenciones que
llevan al hacerlo.
Algo parecido sucedió con Helene Arias. La niña se enamoró
de su novio, él fingió que la quería y todo terminó en una muerte trágica y
cruenta para la joven universitaria.
Tenía dos años de ser novia de José Bobadilla, tenían una buena
relación y las familias se llevaban bien, de hecho, de vez en cuando salían y
departían momentos juntos.
Todo comenzó con una deuda que Claudia, madrastra de José
adquiere con la familia de Helene, no pudiendo pagar, tiene la “brillante” idea
de secuestrarla y cuando todo se sale de sus manos y su control decide
asesinarla cruelmente a martillazos y luego sepultarla en un agujero del patio
trasero de su casa, destinado para una palmera.
El mismo día de la desaparición de la joven, familiares y
amigos emprenden una búsqueda incansable, empezando por su novio José
Bobadilla. La noticia rápidamente se difundió por las redes sociales y los
medios de comunicación. Al día siguiente de su desaparición, medio país estaba
al pendiente del paradero de la universitaria.
Las investigaciones comenzaron, se encontró su carro en un
reconocido centro comercial, por lo que
se revisaron las grabaciones de las cámaras de video del lugar. Sorpresivamente
se descubrió por las imágenes, que Helene habría subido al carro de sus
raptores por voluntad propia y que incluso habría esperado por ellos, lo que
significó que los hechores eran conocidos de la estudiante, por ende, personas
en quienes confiaba.
Su cadáver se encontró en la casa que la familia de su novio
alquilaba en una residencial privada. La autopsia y las investigaciones
determinaron que fue muerta de manera violenta y golpeada con un martillo en
repetidas ocasiones.
Las investigaciones finales determinaron que la madrastra de
su novio, Claudia de Bobadilla y la tía del novio, Andrea Bobadilla fueron
quienes recogieron a Helene en el centro comercial, luego la llevaron a su casa
y horas después en una lucha violenta, Claudia le dio muerte, estando también
Andrea en casa.
Lo triste y lo indignante es saber que se ha comprobado la
participación e involucramiento de José Bobadilla en el crimen de la mujer que
compartió con él dos años de su vida y que lo amó hasta el día en que dos mujeres insensibles y déspotas acabaron con
su vida y truncaron sus sueños.
Es más triste aún que todo esto sucedió por una deuda de
$1000 dólares. ¿Valdrá eso la vida de una persona? ¿Serán $1000 suficientes
para quitar la tristeza de la familia de Helene? ¿Revivirá ella si le cae todo
el peso de la ley a sus asesinas?
La respuesta a todas estas preguntas es no, pero si la ley
hace justicia, como pocas veces lo hace, seguramente quitará un peso de encima
de la familia Arias, porque así sentirán que la muerte de su hija por lo menos
fue de alguna manera vengada. Por supuesto, que aunque se haga toda la justicia
del mundo y aunque se imponga la ley a los responsables, el vacío y el dolor de
esta pérdida quedarán por siempre en la familia, amigos y seres amados de
Helene Arias.
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